El rey de las esposas

Si me conocéis un poquito sabréis que casi nunca hablo de mi trabajo en redes. Puedo mencionarlo, claro, y puedo también utilizar ciertas cosas que me han pasado (ya sea en curros anteriores o en el actual) como inspiración para escribir. Pero casi nunca entro en detalles porque, en cierta manera, siempre me ha gustado que mi presencia online se centre en la vertiente escritora y/o devoradora de libros y pelis. Dicho esto, la cosa es que llevo casi cuatro años trabajando en Saga Producciones, la compañía residente del Teatro Flumen de Valencia, y otro de los motivos por los que no suelo dar mucho la chapa con la programación o las obras que estrenamos es porque soy consciente de que es difícil que mi opinión se tome en serio: si digo que una obra está genial lo más probable es que penséis que no soy objetiva y que solo lo digo porque soy parte interesada en la cuestión. Y todo esto me lleva a por qué estoy escribiendo este post y por qué estoy haciendo justo lo contrario de lo que he hecho hasta ahora.

No es que con Houdini: Historia de una muerte se hayan dado la vuelta las cosas, porque lo cierto es que, por supuesto, sigo siendo parte interesada. Se trata del último estreno de la compañía y me he encargado de la imagen gráfica (contando con las fotografías de Clara Muñoz). Pero creo que nunca hasta ahora me había invadido una convicción tan potente de que nadie debería perderse una de nuestras obras. Hasta ahora, cuando las he recomendado (¡porque claro que lo he hecho!), ha sido ateniéndome mucho a las preferencias de cada cuál y comprendiendo, por ejemplo, que La venganza de Don Mendo no iba a gustarle a alguien poco o nada inclinado a la comedia o que esa maravilla que es El hijo no iba a sentarle superbien a quien acostumbre a huir de los dramas. Dando por hecho, en resumen, que mi familia, amigos o contactos en general no tienen por qué compartir mi opinión o nivel de entusiasmo. Y es que, al fin y al cabo, esto no es tan distinto de hablar de una novela propia y de ese equilibrio casi imposible de alcanzar cuando tratas de hacerte promo pero te sientes absurda porque, a ver, cómo no vas a hablar bien de algo que has escrito tú. Pero juro que no exagero cuando digo que me cuesta pensar en alguien que pueda no flipar con Houdini, porque tiene de todo (teatro, magia, escapismo, bailes increíbles, un vestuario y puesta en escena espectaculares y hasta una sesión de espiritismo), y casi me ahoga la sensación de que tengo que gritar todo esto porque, si consigo que una sola persona se decida a verla, sé que le habré hecho un grandísimo favor.

Cartel de la obra de teatro Houdini: Historia de una muerte.

Para no parecer una loca vendemotos (que me gusta tener cuidado con esas cosas, ya sabéis) voy a ir abreviando, pero no sin antes contaros que esta obra me ha brindado el momento más impactante que he vivido jamás en un teatro y me ha hecho reconectar con una parte de mí que tenía muy MUY olvidada: esa que flipaba con los magos y que pidió el Magia Borrás por Navidad más o menos un millón de veces (sin éxito; aún te la tengo guardada, Papá Noel).

Que hasta me he enganchado a Death by Magic, joder.

Si estáis en Valencia, he conseguido que os pique la curiosidad y queréis saber más, podéis echar un ojo a la sinopsis y comprar entradas para los dos últimos fines de semana aquí. También podéis curiosear el instagram del teatro. Os prometo que no os arrepentiréis.

Gracias por aguantar la chapa.

Y gracias, señor Houdini, por la parte que le toca.

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